¡EL Espectáculo Debe Comenzar!

¡Que empiece la función!

Un pequeño recuento de los presentes y se confirma, estamos todos…

El pasado febrero de 2018 salió a la luz el borrador respecto a la Estrategia Española de Economía Circular que plantea el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad a ciudadanos, empresas e instituciones.

Una evidencia más que pone de manifiesto la preocupación  existente respecto a que seguir con un modelo basado en “usar y tirar” los recursos, nos dirige a un grave problema.

La Organización de las Naciones Unidas estima que para 2050 la tierra contará con 9.700 millones de habitantes (Naciones Unidas), y la realidad es que si continuamos sobreexplotando los recursos del planeta a un ritmo insostenible, en el futuro harán falta tres planetas para abastecer las necesidades de los futuros inquilinos según el Banco Mundial (Banco Mundial, 2016).

ods-nuevo-poster-febrero-2018.pngEsto no es una conversación de bar, ni estamos siendo asediados por las apocalípticas preocupaciones del típico cuñado en navidad. No, estos datos son facilitados por los organismos internacionales más importantes del mundo, y desde las más altas instancias se nos pide un ejercicio de reflexión.

El ser humano sabe apreciar la paz y tranquilidad que el discurrir de un caudaloso rio transmite, pero no deja de desaprovechar el 80% de las aguas que retornan al sistemas sin ser tratadas y reutilizadas, olvidándonos de que el ciclo de la vida responde al ciclo del agua (Cousteau).

Nos es placentero pasear por un frondoso bosque viendo como cada miembro de su ecosistema convive en una gloriosa armonía, pero sin embargo su conservación no nos es tan sencilla cuando solo la deforestación arrasa con más de 13 millones de hectáreas al año (Naciones Unidas).

El sol que calienta nuestros cuerpos cuando huimos del frío es capaz de proporcionar cada año 4.500 veces más energía de la requerida por el ser humano en ese mismo periodo. Aun así, desafiamos a la naturaleza consumiendo los combustibles fósiles que ella tarda un millón de años en producir.

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Nada puede hacernos sentir más vivos que navegar divisando la inmensidad del océano con la brisa en nuestro rostro y el olor a mar haciéndonos comprender una vez más el significado de la palabra aire puro. Ahora bien, poco tardamos en apearnos del viaje sensitivo para demandar agua embotellada en un restaurante contribuyendo a que en 2050 haya en el océano más plásticos que peces (Ellen Mac Atrhure Fundation, 2016).

Son muchos los ejemplos que permiten al hombre recrearse en la naturaleza, entendemos y disfrutamos la biodiversidad, pero sin embargo en la velocidad de nuestro día a día, y por más que nos vaya la vida en ello, nos olvidamos de cuidarla  y protegerla.

La realidad es que por más que hayamos progresado en el curso histórico, la valoración de los esfuerzos ecológicos de nuestro planeta no son nuestro punto fuerte, y si el ser humano continúa sin cuidar de aquello que tanto ama, acabara del mismo modo que las 200 especies extinguidas en el último siglo (New york times, 2017).

Por eso es el momento de despertar, de renacer, de renovarse o morir, de evolucionar como conjunto, es la hora en la que apoyándonos sobre los hombros de gigantes hablemos de construir un futuro mejor juntos.

La responsabilidad social se ha instaurado en las empresas orientando el cambio hacia modelos más circulares en cada etapa de la cadena de valor, desde la producción al consumo, pasando por el diseño, la reparación o la gestión de residuos garantizando materias primas secundarias fiables al reintegrarse en el mercado (Cerrar el círculo: un plan de acción de la UE para la economía circular, 2015).

Hoy más que nunca las instituciones desarrollan las bases sobre las que construir el cambio, y las nuevas políticas en gestión de residuos, en el fomento en la utilización de energías renovables, en la incentivación de la compra publica ecológica, en la aplicación de planes que salvaguardan los recursos hídricos, o la implantación misma de las diferentes estrategias en biodiversidad, son claro ejemplo de ello.

Un cambio que se encuentra además impulsado por inversiones, subvenciones y fondos que tratan de acelerar su puesta en marcha y donde por ejemplo, tan solo el programa de investigación Horizonte 2020 para Europa, cuenta con  80 mil millones de euros destinados a agilizar esta transición (Horizonte 2020).

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Llegados a este punto, en el que tanto instituciones como empresas evolucionan para hacer posible un mundo más sostenible, la sociedad tiene que demostrar de una vez por todas que valora lo que ama, que cuida lo que tanto quiere y que sabe proteger aquello de lo que forma parte, la Naturaleza.

El ser humano no es perfecto y tropezaremos en el camino una y otra vez, pero aunque la irracionalidad tenga cabida en actos individuales, como no decir sí a un futuro mejor unidos por un proyecto común para el mundo…

Como no decir sí a la administración más eficiente de los recursos…

Como no decir sí, a la práctica de un consumo responsable…

Como no decir sí, a maximizar la utilización de los bienes como servicios…

Como no decir sí, a la reutilización, al ahorro, al reciclaje, a las energías renovables o a la valoración de los residuos…

Como no decir sí a nuestro mundo…

Levanto de nuevo la vista y veo el brillo en vuestros ojos, sé que no me he equivocado en el recuento y por un mundo mejor estamos juntos todos…

¡Que empiece la función!

Artículo de Juan Manuel Valverde

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